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Esta colección de obras: retratos, escultura, arte sonoro, video y dibujos, pueden entenderse como una interpretación moderna del mito relatado por Ovidio en sus Metamorfosis (III, 339-510) acerca del joven y bello Narciso. Este semidiós, enamorado de su propia imagen reflejada en el agua, muere ahogado al observar la belleza de su rostro y no poder soportar la imagen enturbiada por la caida de una hoja al agua cristalina. En el lugar de su muerte nace la flor de su mismo nombre, de olor y efecto adormecedor y narcotizante (haciendo referencia a una de las etimologías sugeridas de la palabra Narciso, narkein). Narkissos puede leerse también como una lectura mordaz y enraizada en la sabiduría del mito y la pureza del ritual.
De la misma manera que Narciso, castigado por la diosa de la venganza, Némesis, a enamorarse de su propio reflejo, nos hallamos embelesados, mirando en las profundidades de las pantallas que invaden nuestros días y noches. Computadores, tablets y dispositivos móviles capturan nuestra atención de forma narcotizante, devolviendonos nuestra propia imagen en un mundo de selfies y ventanas-espejo que aparecen en conversaciones remotas en las que uno no llega a conectar con la persona al otro lado. El mito, -ya transformado en metáfora de la esencia narcisista de nuestra existencia como imagen digital-, se convierte entonces en la invitación a revisar de manera crítica lo alienante de la omnipresente tecnología que nos rodea. El régimen visual y auditivo de los logos, de los iconos y de los sonidos, (earcons), que millones de personas reconocen como un mismo lenguaje, hace que nuestro cuerpo reaccione como si fuéramos autómatas conscientes pero sin voluntad. Enamorados de nuestro perfil, alimentados por los “likes” a nuestro ego, permanecemos anestesiados y conectados a una fuente de luz que ilumina nuestras horas. La luz, que tradicionalmente ha sido un elemento sagrado en escenografías pictóricas, o la observación del fuego como ritual de contemplación para ejercitar la mirada más pura, han sido sustituidos por una fuente de iluminación profana e irreflexiva que nos irradia con flujos de información inabarcables. Narkissos plantea la relectura de gestos contemporáneos como síntoma de la relación entablada con esas superficies en las que nos desdoblamos casi hasta el infinito. Al ver y escuchar estas obras, el espectador asiste al giro del mito ancestral hacia la metáfora de nuestra presente realidad.
Caridad Botella
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